martes, 24 de junio de 2014

Escribir en versos libres

Tendría que escribir mas versos
versos compuestos de alma
versos con calma
versos intensos

Tendría que aullar más a la luna
luna entre montañas,
luna serrana
con mitón de aguja

Tendría que cantar al aire
al vacío, a mi madre

Tendría que sorber la vida
de la nada, de la brisa

Tendría que escribir tantas veces
que si no lo hago,
 si no me acuerdo
será porque aveces
y solo aveces 
no me apetece

lunes, 23 de junio de 2014

De Sabina

Este adiós, no maquilla un "hasta luego",
este nunca, no esconde un "ojalá",
estas cenizas, no juegan con fuego,
este ciego, no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré,
ahórrate el acuse de recibo
estas vísperas, son las de después.

A este ruido, tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón, podrido de latir
este pez ya no muere por tu boca
este loco se va con otra loca
estos ojos no lloran más por ti.

REFLEXIÓN MUSICAL

Pensando... (pocas veces lo hago hay que decir), me he dado cuenta que es increíble como nos etiquetamos con estilos de música concretos, defendiendo a muerte ese estilo y repudiando los demás. 
Se que no es todo el mundo, por suerte, sigue habiendo gente que dice "me gusta todo tipo de música", aunque también están los que usan la coletilla "pero yo soy más de..."
Heavys, Raperos, Reggetoneros, Clásicos, Ochenteros, Góticos, Dios que abanico tan grande encontramos y me pregunto ¿Es necesario encasillarse? ¿Es tan necesario pensar en una sola dirección?.
Alguien mucho más inteligente dijo que la música era "un estado del alma". Yo no me siento igual cuando quiero escuchar a Marc Anthony que cuando quiero escuchar Nessum Dorma de Pavarotti. Y digo bien, "cuando quiero escuchar". Esto de la música es una retroalimentación entre lo que quieres escuchar y lo que escuchas, pero has de ser tú el que la escuche.
Trataré explicarme de forma más sencilla. A lo largo de mi vida, me he etiquetado en tantos tipos musicales que ya ni me acuerdo, con quince años era muy rapero, todo protesta y testosterona pero con el romanticismo justo para decir "ehhh... que soy inteligente pero incomprendido", cerca de los veinte, me consideré muy heavy, con mis pelos y mis ropas negras de tipo duro pero profundo y pasional. Nunca dejé el pop más comercial de lado, pues había que salir, si.... "había que salir", las hormonas tiran y la genética pedía a gritos tratar de reproducirse y había que ir a las zonas de caza. Mi comportamiento era como el de las olas, me movía con el viento y me dejaba llevar meciéndome entre las modas y los bailes de rigor, al igual que el pavo real enseñando su plumaje al tratar de captar la atención de las hembras.
Cuando esa etapa concluye, se van mezclando, entrelazando y modificando ligeramente cada aspecto de nuestros gustos musicales, pasando por momentos oscuros, momentos de luces estroboscópicas y hasta momentos sin luces.
Los importante es que debiera llegar un punto en el que te tenga que dar igual qué música escuchar si te sienta bien según tu estado anímico. 
Un consejo estúpido, no seamos cerriles con según que músicas, cantantes o ritmos. Es muy fácil decir, ésto es comercial, ésto no, ésto no vale para nada, ésta gente se ha vendido y tantas otras frases que escuchamos diariamente. 
No te gusta algo, bien, te gusta mucho algo y lo defiendes a muerte, bien, pero lo mismo al cerrarte en banda con según que circunstancias estás perdiéndote practicar otras emociones del alma que de cuando en cuando sientan bien.


viernes, 20 de junio de 2014

OLVIDO DE GODARIA - IRA - CAPÍTULO VI



         CAPÍTULO VI
-Vamos a ver, vamos a ver que yo lo entienda- comenzó a relatar cansino el Cabo Primero Quintilo al preso que tenía sentado frente a sí, en una de las salas del Cuartel junto a la plaza-  Osea Nauj, que abren la puerta, puerta que estaba cerrada y que tuvieron que tirar de un patadón, y se encuentran a tu padre, tirado en el suelo, con una soga al cuello, todo lleno de sangre y a ti con un cuchillo en la mano… y me dices que no sabes que pasó –dijo irónico- Tu mujer no sabe cuándo te levantaste y también te vio de la misma guisa, pero sigues repitiendo que tu padre ya estaba así cuando bajaste –sentenció.
-Yo… las perras… ladraron, pero yo… -dudaba entre sollozos tratando de apartar las lágrimas que le caían cara abajo con las dos muñecas apresadas bajo un aro plantado en la mesa- Yo creía  que ladraban por mi padre… no le conocen y son muy nerviosas…. Me desperté… por estaba teniendo un mal dormir… yo… comenzaron a ladrar y bajé –suspiró tratando de serenarse- La puerta no se abría, habían atado la cuerda al pomo…
-¿Quiénes?-Preguntó Quintilo- ¿Quiénes según tú cortaron la cuerda?
-No lo sé, joder, Quinti, por Dios… yo no he sido joder… joder… joder… -agachó la cabeza y murmuró improperios para si- sé que mi padre nunca se ahorcaría… por Dios… tu sabías quien era…
-Yo lo único que sé es que todo apunta a que alguien trató de que pareciera un suicidio y como no pudo con el peso de tu padre se acobardó y le asestó dos puñaladas y que tú –matizó-  estabas en medio de todo aquello sin pruebas de lo contrario.
-No… no… no… -repitió acelerado- no he sido yo, por Dios, como iba a hacer eso… no, no, esto es una broma pesada, no puede estar ocurriendo –se derrumbó y volvió a llorar.
-A ver Nauj, sabes que te tengo aprecio- trató de apaciguar- y todos entenderíamos lo que pasó sabiendo cómo era tu padre, pero tienes que contarme lo que pasó.
-Sé que no terminé muy bien con mi padre… -se lamentó- pero de eso hace ya dos años, por Dios, no tiene sentido, era un hombre bruto, pero no era malo, por favor, esto… esto no puede estar pasando…
-Céntrate Nauj, muchacho, cuando, según tú –apuntilló- abriste la puerta, que viste?
-De primeras no vi nada, estaba todo a oscuras, la lumbre estaba casi apagada, pero las perras salieron disparadas para la cocina y juraría que algo se movió por allí…
-Por allí, por dónde, por la cocina?
-Si, por la puerta, no… -dudó y le costó encontrar las palabras- no lo sé, yo creo que vi a alguien escapándose, y las perras…
-Nadie vió a las perras correr hacia la cocina, estaban a tu lado y al lado de tu padre cuando llegamos.
-No… pero eso pasó justo cuando pude abrir la puerta.
-¿La puerta no se abría?
-No… tenía un peso… joder… -respiró hondo- el peso de mi padre impedía que se abriera y cuando pude entrar… solo vi a las perras salir flechadas para la cocina… es cuando vi el cuerpo de mi padre en el suelo en un charco de sangre y… el cuerpo se me descompuso… no sé muy bien qué coño pasó ni cuánto tiempo tardó en bajar Sherae, ni cuando abrió la puerta los vecinos… solo sé que traté de taponar las heridas y que aquello no paraba de sangrar y que ya no respiraba y que… -volvió a derrumbarse y a llorar amargamente-
-Vale, vale… muchacho… -dio unos segundos de pausa- ¿Dónde tenías el punzón?
-¿El punzón, qué punzón?
-El arma Nauj, como no me ayudes va a ser peor… trata de estar aquí, esto es por tu bien.
Esa última palabra sonó como un resuello entre las cuatro paredes de aquel cuadrado de ladrillo de piedra, de techo bajo y poca luz que entraba por una pequeña ventana con barrotes haciendo esquina con el techo.
-Yo… yo… -vaciló- estaba junto a mi padre… yo… lo cogí y no sabía muy bien qué era y entonces…
-Le apuñalaste… -sentenció Quintilo-
-No –replicó con incredulidad-
-Sí… Nauj, tuviste una bronca con tu padre. El cabrón te iba a echar de su casa con todo lo que habías trabajado en ella y como no querías que te pilláramos y sabías que algunos se habían quitado la vida igual, intentaste ahorcarle…
-no, no, no… -giraba la cabeza mientras continuaba negando.
-…. Y como no podías con su peso porque eres un debilucho de mierda te acobardaste y le rajaste el estómago…-Calmó sus ánimos para observar la reacción del muchacho- Si, Nauj, te has cargado a tu padre y ahora quieres escurrir el bulto
El muchacho, seguía repitiendo para sus adentros sucesivos noes sin mirar a Quintilo, incapaz de levantar su ánimo y defenderse con mayor coherencia.
-No he sido yo… No he sido yo… -se repetía
Las bisagras de una puerta desvencijada, chirriaron al abrirse, tras Quintilo. Un agente joven, con aspecto aseado, bigote fino y pelo corto perfectamente peinado entró en la habitación y susurró al oído del Cabo “déjame un rato con él, a mí no me conoce”. Quintilo, se marchó sin mediar palabra alguna volviendo a cerrar de nuevo la ruidosa puerta. El joven oficial, de mayor rango que aquel que acababa de marcharse, vestía el mismo color marrón oscuro y el mismo cinturón ancho negro de hebilla dorada que caracterizaba a la Guardia Ciudadana. Salvo por los galones cosidos en sus hombreras cualquiera hubiera dicho que aquel muchacho era un novicio que acabara de entrar en la Guardia.
Con movimientos tranquilos, se sentó frente a Nauj, con una carpeta de cuero que abrió mostrando unos escritos de letra larga y fina.
-¿Cómo estás Nauj?, ¿Te apetece algo? ¿Agua, vino? ¿Quieres comer algo?...
-¿Usted también viene a decirme que he matado a mi padre? 
-No, solo vengo a esclarecer lo que ha pasado, y…-pasó algunas hojas mientras hablaba- me tienes que ayudar Nauj…
-¿A qué? –Interrumpió- Yo no sé nada, solo sé que a mi padre lo han matado y que me estáis culpando a mi…
-Me llamo Jeraim, Sargento Primero de la Comarca Nororiental de Antiquarea, contestando a tu primera pregunta, no… no estoy aquí para culparte de nada, salvo que tú, por voluntad propia admitas haber hecho lo que en este informe se detalla…-lamió ligeramente la yema del dedo índice y pasó algunas páginas más- y con respecto a la segunda, necesito que me ayudes, respondiendo tan específicamente como puedas a un par de preguntas que te voy a formular –hizo otra pausa esperando reacción por parte del crío que tenía enfrente- ¿Quieres un poco de agua?.
-Si por favor…
-Cabo… -gritó en dirección a la puerta. Al instante el Cabo Primero Quintilo apareció- Tráiganos un poco de agua y de vino.
-A sus órdenes Sargento –se cuadró y cerró la puerta marchándose con pasos prestos a través del pasillo que llevaba a las escaleras de subida de la primera planta del cuartel.
-Quintilo es un buen agente, ¿verdad? –Preguntó a Nauj- es brusco, pero está tratando por todos los medios de ayudarte, no lo olvides, eres paisano suyo y la patria chica ofusca mucho –aguardó algún tipo de respuesta, pero el muchacho mantenía su cabeza baja, casi de forma sumisa- ¿Cómo acabaste en este pequeño pueblo Nauj?
-Conocí a mi pareja hará unos años, y cuando volví decidí quedarme con ella…-contestó entre sollozos.
-¿Sherae Bartarez?
-Si –respondió escuetamente.
-¿Por qué decidiste quedarte?
-No… no lo sé… -dudó- fue por varias razones supongo…Quería salir de mi casa, Sherae me gustaba, quería conocer mundo, no lo sé… joder… ¿qué importa por qué me fuera de casa?
-Importa porque según los vecinos, la pelea entre tu padre y tu giró en relación a ello.
-¿Qué pelea?... solo nos dijimos cuatro cosas, como siempre, no se alzó la voz siquiera…
-¿Estás seguro?, entonces por qué la gente se enteró de toda la disputa.
-Porque en este pueblo son unos cotillas, entiende… y por un segundo levantó con ira la mirada buscando a su interlocutor.
-¿Entonces no niegas que pudieran oír lo que hablasteis? –Mientras hablaba tomaba apuntes con su delicada escritura en unos papeles amarillentos perfectamente encuadrados.
-Imagino que pudieron escuchar alguna cosa, pero es imposible que se enteraran de que iba la obra –contestó con algo de duda en la gesticulación de las manos
-¿De qué hablasteis tu padre y tú? –en ese momento, dos golpecitos secos precedieron a la apertura de la puerta de la sala de interrogatorios.
-Señor –se volvió a cuadrar Quintilo, con una bandeja con vino y agua y dos vasos de metal- ¿Se puede?
-Sí, cabo, déjelo aquí –señaló al pico más cercano de la mesa
-Con su permiso –apoyó la bandeja y volvió por el mismo camino.
-¿Cabo Quintilo? –alzó la voz llamando la atención al Agente.
-Sí, señor
-Hay que cuadrarse antes de salir de una sala en la que hay un superior.
-Sí, señor, -volvió a cuadrarse- con su permiso señor –y se marchó con gesto avergonzando pero molesto.
-Hay que se estricto con la disciplina, no crees Nauj –pronunció sin mirar a su entrevistado mientras llenaba de agua los vasos.
-Usted sabrá… -contestó con brusquedad
-¿Cómo era tu padre, Nauj? –continuó tras dar un sorbo de su vaso
-¿A qué se refiere?
-¿Era estricto?, Ya sabes… chapado a la antigua, cerril y cabezón con sus ideas y nada más que sus ideas… -enfatizó
-Era un buen padre, si es eso lo que pregunta... –y tomó su vaso y bebió- tenía sus cosas como todo hombre que ha vivido los tiempos suyos pero no me oirá decir que era malo con sus hijos.
-Pero…-leyó de unas hojas que buscó- ¿“os peleabais a menudo”?
-No
-Eso no es lo que dice Sherae.
-Ella me ha escuchado a mi exagerar de cuando en cuando –aspiró los mocos que le caían de la nariz- no vivió en Selana conmigo y no puede tener más idea que la que yo le pude dar.
-Entonces no os peleabais
-Como cualquier padre con su hijo… -hizo una pausa sopesando cada palabra que decía- nunca como para matarle.
-Pero si para que te marcharas de Selana –su gesto invariable ni siquiera enfatizaba cuando creía encontrar contradicciones en la historia.
-Eso es otra historia y no sé a qué cojones viene… ya me estoy cansando… Quiero ver a mi mujer y largarme a mi casa para poder enterrar a mi padre… ¿entiende? –la sumisión dio paso al enfado y el enfado comenzó a convertirse en irritación.
-Tiene que ver, muchacho, con que queremos saber cuál era la relación que mantenías con tu padre para poder descartarte como sospechoso…-hizo una pausa- y a su pareja… -el tono varió- porque no están casados tengo entendido, la verá en cuanto terminemos si es que ella quiere verle, por supuesto –apuntilló.
-¿Por qué no va a querer verme? ¿Qué cojones le han dicho? ¿Qué…? –Mientras preguntó el ánimo se le fue encolerizando hasta el punto de levantarse de la silla para acercarse al sargento.
-Nauj, por favor siéntate… Ella también ha sufrido y no sabe muy bien qué pensar, date cuenta que te vió con el punzón en las manos y empapado en la sangre de tu padre justo después de la pelea… contigo y con ella, no lo olvides –remarcó.
-Pero ella me conoce… sabe que soy incapaz de…
-La Señorita Sherae Bartarez, no tiene tan claro que seas inocente y es comprensible, acéptalo. Cuanto antes terminemos, antes podrás dar las explicaciones oportunas a tu “mujer”. ¿Estás de acuerdo? –alzó la mirada de los papeles.
-Mire… por favor… todo esto es un error… yo solo bajé a ver qué pasaba y me encontré a mi padre tirado… le he dicho a Quintilo lo que vi… lo del hombre de la cocina… estaba  ayudando a mi padre y vi el dichoso punzón… joder… solo lo cogí porque no me di cuenta de lo que era… por dios… esto no puede estar pasando… -se frotó las sienes con mayor incredulidad
-Tranquilízate Nauj, haz un esfuerzo… -se detuvo un segundo- ¿Sobre que versó la conversación con tu padre?
-Desde que me vine aquí, ha estado molesto conmigo, allí estaba estudiando, tenía un futuro. Según él, podía haber entrado en el ejército como médico o haber seguido de buhonero con él por las ciudades, y cómo decidí venirme a su tierra por una chica, nunca me lo perdonó…
-Continúa –hizo ademán con la mano
-Cuando di la noticia en mi casa de que me venía, mi madre se lo tomó muy mal, aunque fue más comprensiva, ya sabe… las madres –trató de relajar la tensión- pero mi padre no se lo tomó igual. Tuvimos una discusión fuerte y al final me fui antes de que llegara a mayores. Después bajé como pude hasta aquí, uniéndome a alguna caravana, ayudando con medicamentos simples, me especialicé en botánica, ya sabe… -miró a Jeraim- conozco las plantas y se cómo usarlas para curar algúna que otra dolencia, no como los médicos pero no se me da mal… así es como llegué, hará algo más de dos años.
-Prosigue Nauj, te escucho
-El caso es que cuando llegué no tenía donde quedarme y el señor Bartarez me prestó una habitación en el pajar, ya sabía lo mío con su hija e imagino que aunque no le gustaba demasiado, se apiadó de mí, pero claro… -se sobrepuso con orgullo- no podía permitir que su padre nos mantuviera, no podía ser… y decidí buscar cualquier trabajo que me saliera.
-¿Qué trabajos ejerciste?
-Lo primero que hice fue visitar al médico, un hombre mayor que murió el año pasado, el doctor Guido, y como el hombre no veía bien, estuve echándole una mano un tiempo con sus potingues, pero cuando se puso tan malo ya no podía hacer nada y tampoco podía decir que le ayudaba porque o bien me multaban por ejercer sin título o lo que hubiera sido peor, que hubieran empezado a decir que se murió por mi culpa, que no sería la primera vez que escucho cosas descabelladas sobre cualquiera. Luego trajeron al muchacho éste, el que tiene su edad –señaló al Sargento- y se me acabó por completo cualquier ingreso –esperó a ver algún gesto por parte de su interrogador pero éste ni se inmutó- Tengo un tío, un hermano de mi padre, Zednik, a lo mejor le conoce, vive por detrás de la ermita –giró su cabeza señalando al sureste de la habitación.
-No tengo el gusto, pero no te preocupes, seguro que lo confirmamos… que pasó entonces.
-El caso es que pedí ayuda a mi tío, y él me consiguió trabajo con los Rubín y me dejó las llaves que guardaba para echar un vistazo a la casa de mi padre para que me quedara hasta que diera el visto bueno, pero me pidió que le escribiera y le pidiera disculpas a cambio, que “aquello no estaba bien”. Y como estaba desesperado, lo hice. A las pocas semanas, recibió la contestación y me dio permiso, pero fue muy escueto, con lo que entendí que vendría a ajustar cuentas tarde o temprano…
-¿Y lo hizo?
-No hasta ayer.
-Y en tiempo, ¿De cuánto estamos hablando?
-Dos años
-Bien… -pasó otra página y continuó escribiendo- ¿Tuviste contacto con tu padre de alguna forma en esos dos años?
-Ninguno, se por lo que me dijo anoche mi padre que mi tío Zednik si le escribía regularmente y le informaba de cómo me iba, pero yo por su parte no recibí nunca nada.
-¿Cuándo se mudó Sherae contigo, Nauj?
-Al poco de recibir la contestación.
-¿Y qué tal os iba?
-Bien, nos faltaba dinero como a todos en estos tiempos, pero dentro de lo que cabe, bien.
-¿Esa falta de dinero no te cambió el carácter, no discutíais más a menudo ni nada por el estilo?
-¿Qué está insinuando?
-Yo nunca insinúo nada, Nauj, solo pregunto y saco conclusiones… -buscó la mirada del muchacho.
-No… no nos peleábamos más, es decir, teníamos nuestras discusiones, pero nos queremos, joder, que se piensa que soy un zumbado que maltrata a su mujer y luego mata a su padre, por Dios, esto no tiene ni pies ni cabeza… joder, joder.. –comenzó a desesperarse.
-¿Entonces no te cambió el carácter?
-No… mire… no sé lo que le habrá dicho Sherae, pero lo único que me pasa es que vengo reventado de trabajar y a veces puedo alzar la voz más de la cuenta, pero joder, que yo no he hecho nada, ¿es tan difícil de entender?
-Vamos a ver Nauj, yo no he venido a juzgarte, estoy para ayudar, a ti y al pueblo, y tienes que seguir contestando…
-Esto no puede estar pasando, es imposible… -bajó la voz y volvió a esconder la cara entre las manos.
-Nauj, escúchame, ¿Alguna vez has levantado la mano a Sherae?
-No –respondió anodino
-¿Te has cabreado tanto como para pensar en pegarla?
-No… por dios, por dios –murmuró
-¿Anoche sentiste ganas de atacar a tu padre?
-No, no y no… joder… me fui a la cama en cuanto se puso tensa la conversación… joder
-Los vecinos escucharon a tu padre decir –y buscó en una de las hojas sueltas que componían el informe- “Levántale la mano a tu padre si tienes huevos”. ¿Es cierto?
-No… es decir… si –vaciló- pero fue cuando me subí a dormir, se lo puede decir Sherae, ella me cogió del brazo y me dijo que nos subiéramos –y un atisbo de luz destelló en sus ojos marrones.
-Cuénteme lo del hombre que vió en la cocina.
-No sé lo que vi, tiene que creerme, vi o más bien intuí que allí había alguien cuando las perras salieron disparadas ladrando, pero no se veía bien, además… alguien tuvo que colgar y asesinar a mi padre.
-Pero no pudo verle, entonces
-No, pero estaba allí seguro.
-¿Cerró la puerta que daba al Patio?
-Si… es decir, creo que sí –trató de hacer memoria.
-Explícate
-Poco antes de irme a dormir salí a por agua del pozo para lavarme y cuando volví a dejar las cosas cerré detrás mía, coño, si ayer estuvimos hablando de eso en el campo, es imposible que se me olvidara cerrar –se exasperó- si… seguro que cerré.
-¿Sabes cómo encontraron la puerta del patio?
-Dígamelo…
-Cerrada, sin ningún tipo de forzado ni rotura
-Pero eso es imposible, osea, salvo que me la dejara abierta.
-O que no hubiera entrado nadie y solo viera una sombra que le confundiera.
-No… no… tuvo que entrar alguien… tiene que haber algo, algún resto, ustedes no tienes cosas para averiguar lo que pasa cuando matan a alguien.
-Sí. Son las investigaciones e interrogatorios como éste.
-Entonces me está acusando a mí –alzó la voz con gran irritación.
-Nauj, escúchame, te vuelvo a repetir que yo no soy el enemigo aquí, solo soy el investigador a cargo del asesinato de tu padre.
-Pero… pero… está apuntando que yo…
-Mira Nauj, voy a serte sincero, de momento todo apunta a que tú tuviste algo que ver con el fallecimiento de tu padre
-¿Fallecimiento? ¿Ya no es asesinato?
-Ahí quería llegar… -hizo una nueva pausa y volvió a pasar más hojas- ¿crees que tu padre podría haberse suicidado?
-¿Mi padre? ¿Por qué? ¿A qué viene eso si tenía dos puñaladas? –se dio cuenta que el oficial quería una respuesta- No… no se habría suicidado, era un hombre fuerte y duro de mollera, en la vida se hubiera quitado de en medio, ¿se entera?
-¿Sabe que su aliento todavía olía a alcohol?
-¿Y qué tiene que ver una cosa con otra?, ¿es que todos los que beben se suicidan?
-¿Me está diciendo que bebía a menudo?
-¿Qué….? No, osea, sí –volvió a dudar- quiero decir, no como estos “mataos” que se ven por la calle, era un hombre rudo joder, de cuando en cuando bebía, como todos… pero no entiendo…
-¿Usted también bebió anoche?
-Si… pero mucho menos, es decir… -se alteró sobremanera- Dios… no me confunda joder…
-Contesta lo más fácilmente posible –sugirió condescendiente
-A ver… por favor escuche… -suplicó calmando sus frases- tomé una copa de vino cenando, mi padre llevaba un rato bebiendo, imagino que se lo pondría Sherae, pero ya está, fin del asunto.
-¿Fue después de beber cuando empezó la discusión?
-Si… pudiera ser.
-Sabrás, como estudiante de medicina, los efectos que el alcohol tiene sobre la mente de un hombre ¿verdad?
-Si
-Explícamelas, si puedes
-La primera fase de la ingesta produce relajación y sensación de euforia, la segunda fase provoca visión borrosa, fallos en la coordinación y depresión; tercera fase Irritabilidad, agitación, somnolencia, cefalea, disartria, ataxia, dismetría, náuseas y vómitos. –Enumeró de corrido- cuarta fase lenguaje incoherente, disminución marcada del nivel de conciencia con obnubilaciones y hasta coma y flojedad en el tono muscular; Incontinencia de esfínteres y dificultad respiratoria. Quinta fase muerte.
-Veo que te lo aprendiste bien.
-Qué quiere que le diga, tengo buena memoria –objetó sin ánimo.
-Entonces es posible que tras la discusión jaleada por el alcohol tu padre entrara en una depresión que le empujara a suicidarse, ¿No es así?
-¿Qué?, no… está usando mis palabras en contra… mi padre no había bebido tanto.
-¿Se quedó toda la noche con él para averiguarlo?
-No, pero tampoco pueden saber cuánto bebió.
-Sabemos, gracias a tus vecinos –volvió a retroceder un par de páginas buscando alguna anotación- que “se quedó hablando junto a la chimenea vociferando y alzando la voz de cuando en cuando”. ¿Estás completamente seguro que se quedó allí solo, sin beber nada más?
-No… no estoy seguro –comenzó a recapacitar e incluso a dudar de sí mismo y de lo que había visto.
-Como veo que eres un muchacho inteligente te voy a contar una historia –cerró el archivo- ¿conoces a los Dohos?
-No señor
-Por lo visto eran una tribu pequeña, al sur de Atur, que tenían tradiciones un tanto pintorescas, no soy muy ducto en historia, pero según creo recordar, esta tribu fue de las más aguerridas y de las que más vidas costó para que la conquistara el Emperador Gódal. Cuando consiguieron acabar con el reducto más violento entraron en los campamentos que quedaban con intención de apresar a los que Dohones que hubiera, pero hete aquí que antes que siquiera entraran por los portalones de madera que tenían en la entrada, se encontraron que todos estaban muertos. Más que muertos… suicidados –sonrió con las manos en el aire- todos y cada uno de los hombres, mujeres y niños que allí había se habían quitado la vida con un puñal en el estómago o en el cuello –esperó a ver la reacción de Nauj- La imagen debió de ser tortuosa como poco…
-¿Y cree que mi padre se suicidó así? –Interrumpió con antipatía- Está usted loco
-Mira, Nauj, no digo que eso fue lo que pasó, de hecho me parece la historia más estúpida que pudieras contar para librarte de esto, por eso, te la he contado yo antes, sobre todo para que te des cuenta de que no soy estúpido y que no me puedes engañar, ¿me estás entendiendo cada una de las palabras que acabo de decir? –remarcó cada palabra fijando su atención en el muchacho.
-Osea, que si cree que he sido yo… -formuló resignado.
-Has estudiado medicina, ¿a qué si? –El tono de la conversación cambió radicalmente y la ironía embargó cada letra que pronunciaba- ¿Sabes que las dos –remarcó el número con los dos dedos de su mano diestra- punzadas que recibió tu padre fueron directas al hígado y al páncreas? Tú debes saber lo difícil que es acertar en sitios tan concretos del estómago ¿verdad? Solo alguien con conocimientos y con tanta rabia acumulada durante años de borracheras y maltratos podría buscar la manera de hacer sufrir de ese modo a su víctima. ¿No es así? –gritó mientras se ponía en pie y acercaba su cara a la del amedrentado muchacho.
-No… no… yo…
-No eres tan listo Nauj, eres un cobarde que esperó a que se durmiera porque no podías enfrentarte a él cara a cara, y eres un cobarde porque tuviste que reventarle el abdomen para que sangrara y sufriera lo indecible hasta morir. Como no salió como esperabas te has tirado toda la noche y todo el día dando pena pero lo único que has conseguido dar es asco –cada palabra que salía de la boca del agente era veneno para el muchacho. Incrédulo, agotado, hundido y cabizbajo- Admítelo y diré al juez que no ofreciste resistencia y que tenías tus razones humanas, admítelo y te ayudaré a que te envíen a un sitio en el que vivas mejor que las ratas, porque eso es lo que te espera, vivir peor que una rata, ¿entiendes lo que te digo? Porque las basuras como tú sois ratas, peor que eso, sois la mierda que cagan las ratas y no merecéis ni la comida que cada tres días te van a llevar. Admite que mataste a tu padre o juro por Dios que te voy a encerrar en el agujero más profundo que encuentre…
-NO… no… no… -gritó y gritó el desconsolado muchacho
-Vas a confesar, chaval, estate seguro que antes que sea el juicio habrás confesado, me voy a encargar personalmente de que hables –con esas últimas palabras tomó la carpeta y salió por la puerta cerrando con llave tras de sí.
Allí, solo, rodeado por una vela casi agotada, quedó Nauj Dentell, entre la amargura de la incomprensión y el miedo a lo que le esperaba. Gimoteando por un padre muerto y un asesino que no tenía la certeza que existiera. Solo en la soledad de la pena y el desánimo.

Vocación

La RAE en una de sus acepciones define vocación como la inclinación a cualquier estado, profesión o carrera. Lo más gracioso es que la primera de las acepciones es la inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión; y me ha hecho pensar. 
No soy creyente al uso, es decir, nadie diría de mi que creo en un "Dios todopoderoso creador del cielo y de la Tierra y Dios del Universo" como reza la canción, no obstante, tampoco me considero un agnóstico que se revela contra cualquier tipo de pensamiento religioso. Imagino que como con todo en esta vida, "en el punto medio está la virtud" como diría Aristóteles. 
Pudiera ser o no que hubiera un Dios, un ser, un ente, un destino o lo que cada uno quiera que moviera los hilos. En cualquier caso, como el gato de Schrödinger, es indiferente pues al mismo tiempo puede haber y no puede haber esa deidad a la que nos supeditemos. 
Volviendo a la vocación, verdadero punto en el que quería incidir, he de decir que escuchando una reciente entrevista que le hicieron al publicista Toni Segarra me quedé estupefacto. Digo bien... ESTUPEFACTO... hablaba de vocación en un mundo (el suyo) en el cual pocos creativos llegaban con estudios encaminados a esa profesión.
Sentí en ese instante, una completa adhesión a sus palabras. Vocación, que curiosa palabra, y que difícil entenderla. Pocos podemos decir que hayamos encontrado nuestra vocación, algo que realmente se nos de bien hacer, porque verdaderamente y a pesar de los que diga la RAE, eso es la vocación; un trabajo, un ejercicio, una situación, cualquier circunstancia en la que destaquemos con naturalidad, sin mayor esfuerzo que el propio impuesto al tratar de mejorarla. 
Nos pasamos la vida buscando tiempo para disfrutar del ocio trabajando de aquí para allá, horas y horas por sueldo miserables, sin darnos cuenta que al final, el ocio, así sin más no tiene ningún sentido más allá de un corto período de tiempo. Y tiempo... El TIEMPO es el que es por más ocio que tengamos o dejemos de tener. 
Creo, a título personal, que en esa ecuación entre TIEMPO = OCIO - TRABAJO, el tiempo es la única variable inamovible, por lo que con lo único que podemos modificar los resultados es con el trabajo que desempeñamos y el ocio que queremos.
 Y yo me pregunto ¿No sería más fácil, si trabajo y ocio fueran prácticamente lo mismo? ¿No sería más fácil si en vez de buscar Tiempo, buscáramos otra variable? El ocio es el Tiempo libre,sin actividad laboral,que se dedica al descanso o a realizar otro tipo de actividades, pero no es una verdad universal y estática, el ejercicio físico es una actividad laboral si eres deportista, la lectura se convierte en sustento si eres crítico. Lo importante y ahí quiero llegar después de tanto divagar, es que el ocio como tal no existe salvo que tu quieras llamarlo así, y por tanto, la vocación, esta dichosa palabreja con la que empecé esta elucubración, tendría que ser la que modificara la ecuación antes dada para poder alcanzar el estado que se busca con el ocio, la Felicidad. 

FELICIDAD = VOCACIÓN + TRABAJO + OCIO - DESCANSO.

La felicidad, ese sentimiento que todos buscamos más allá de profesiones y estudios, es solo un estadio del alma vivido a ratitos. Hay que procurar extender esos ratitos el mayor tiempo posible, pues el tiempo, se escapa, y los ratitos por estos lares son muy cortos. Un consejo, buscad incansablemente vuestra vocación

miércoles, 18 de junio de 2014

OLVIDO DE GODARIA - IRA - CAPÍTULO V



CAPÍTULO V
            El techo de poca altura resonó como si quisiera desplomarse sobre su cabeza. Nauj Dantel, hombre fornido, de espaldas anchas y una barba abundante que comenzaba a blanquear, respiró con fuerza, la reciente discusión con su hijo acabó terminado con el poco humor que traía consigo. “Dichosa mujer, no sabe que este niño no tiene cabeza… y me hace venir con lo bien que están las cosas para desviarse” murmuró para sus adentros “ya se dará cuenta, ya… si todo cae sobre su propio peso”.
            No hizo más que escuchar una puerta en el piso superior cerrándose con  un crujido cuando se sentó desolado en la silla frente a la chimenea que calentaba la casa. Abrumado, el antiguo combatiente que ya comenzaba a vivir la ancianidad del Grupo Especial de Coerción Sadiaglense (denominado GECS) durante el intento separatista acaecido hacía casi cuarenta años, sintió el peso de las decisiones que a lo largo de su vida tomó.
            El alcohol funcionó como catalizador poniendo en su boca todo aquello que quería gritar a los cuatro vientos. Cierto es que no hubo quien le escuchara, pero eso fue lo de menos. Igual que un lobo aullando a la luna, Nauj comenzó a parlotear bravuconadas en su soledad, iluminado tan solo por los rescoldos de una llama que comenzó a apagarse.
-¿Quién me iba a decir a mí? –se preguntó- Salimos al amparo de la noche, sin respaldo ninguno, ni el teniente ni los cabrones de alto rango querían saber nada, como iban a querer saber, no hacían más que reunirse cada dos por tres con aquellos hijos de puta. ¿Qué la situación era delicada? ¿Cómo no lo iba a ser? Atacaban los campamentos como si los desgraciados que estábamos allí tuviéramos algo que ver –bufó dolorido- Si el Presidente no hubiera ninguneado a nadie, no habríamos tenido que meternos en ese berenjenal… maldito cabrón… ¿Pero en qué coño estaba pensado? Como él vivía en su palacete en la puta capital… bastardo inconsciente… ¿Qué el pueblo Selano no quiere más escisiones? ¿Pero él que coño sabía? Después de tantos años de aguantar a reyes pirados que hacían y deshacían a su antojo nos ponen un caramelo y nos dicen que se llama libertad… Mentiras y más mentiras… Te llaman para dar servicio a tu pueblo y es contra tu pueblo contra el que te mandan cargar… Qué sabrá esta juventud de sacrificios y penurias –divagaba entre distintos temas- Lo inconscientes que éramos… nos creíamos que no llegaría la sangre al río y vaya si llegó… Menos mal que tenía Permiso… tendría que haberme quedado allí con ellos –se contradijo con desánimo- esos hijos de puta entraron a hurtadillas, como los cobardes, no entiendo cómo atravesaron los barracones sin que nadie se enterara y hala, todos pasados a cuchillo… qué fácil es quitar una vida cuando no sabes ni su nombre… hijos de puta… se creían que iba a quedar así la cosa… no… señores… no… los altos mandos trataron de frenar la escalada de violencia pero no…. Aquella sangre había que pagarla con sangre… esos muchachos no tenían nada que ver… acababan de empezar y nadie les había preguntado… ¿o sabían algo Tomé y el Vego?, no, no, no… -ladeaba la cabeza con entusiasmo-  tenían que acordarse de cada uno de ellos… -bajó la mirada un segundo y continuó- Cómo ardían los cabrones –sonrió maliciosamente- se creían que no les íbamos a encontrar, en un pueblo todo se sabe y son todos unos cobardes y unos vendidos… todavía queda alguno que se escapó por ahí… mira el de la Posada, o el herrero, cargarse a sus propios hermanos… por las decisiones de los que no corren peligro… malnacidos… -escupió sobre las ascuas- y este niño se viene a vivir aquí. Todo para contradecirme, si la vergüenza de antes se instalara ahora otro gallo nos cantaría…. Cualquiera levanta la voz y dice que antes estábamos mejor… y eso que tenemos libertad… por lo menos había respeto… en mi vida hubiera respondido a mi padre… y menos levantarle la mano… ¿Qué bebo? Pues bebo y qué… me lo he ganado todos estos años aguantando y luchando por gilipoyas que no saben dónde tienen la cara… nunca le ha faltado de nada… de nada… y se me viene a este pueblucho de desgraciados donde más de uno tenía que haber pasado por la cuchilla… Mira… -levantó la voz- mira donde nos ha llevado la revuelta… los que tenían tierras tienen más… entre los de un bando y los de otro se quedaron con lo de los que teníamos poco. –Aguantó la respiración- Teníamos poco pero vivíamos dignamente… no como ahora pateando los caminos o trabajando por un sueldo miserable… -hizo una pausa- y lo llaman libertad… manda cojones… que de mentiras nos metieron en la cabeza… esta juventud no tiene ni idea de lo que pasamos para que aquel cabrón cediera… el miedo de nuestros padres, la incertidumbre… y eso que ahora está más fácil estudiar… pero para qué… se pregunta los niñatos de ahora… si Sadiagla no tiene de nada… todo fuera… campo, ganadería y cuatro artesanos mal pagados… y mientras… ahogado pagando… libertad dicen… que caradura más grande… y éste mientras aquí… con la payasa del Mensuel… que no tendrá culpa de nada la muchacha… pero Dios… cuando le entrará en la cabeza que tenía que haberse pensado las cosas dos veces… más hostias le tenía que haber dado… pero su madre… tan Santa quiere ser que se nos han subido a la chepa… y la niña va por el mismo camino como siga así… tenía que haberme quedado en la Revuelta, seguro que tenía menos problemas… el muerto al hoyo y el vivo al bollo… -rió con cierto aire nostálgico- si entendieran que uno mira por ellos que ya viene de vuelta de todo… no… todo lo contario… más aposta hacen lo que no deben….
            Se encontraba cansado y los ojos se le cerraban, aquel cuerpo tallado tras años y años de duros esfuerzos en minas y herrerías circundantes a Selana, acababa de advertir los 600 km que separaban la villa de Sadiagla de su hogar, La Mesnada de la Torre del Este. Aquel lugar habitado principalmente por exsoldados fue una pequeña población en vías de desarrollo configurada con una fortaleza en manos del Señor de Aldovea que rodeaba toda la villa y el Río Zodra atravesándolo al este de la capital Selana. Las numerosas cordilleras que rodeaban aquel paisaje generaban riqueza y progreso en un mundo en el que el descubrimiento de nuevos metales y aleaciones promovía el comercio interior y exterior generando capital económico y humano a través de los movimientos poblacionales que buscaban el sustento.
            Si bien es cierto que a efectos jurídicos el trato dado a los exmilitares no difería del dado a los inmigrantes, fueran internos o externos, que llegaban cada año, más cierto era que en la práctica no ocurría así. Como todo el mundo sabe, las aplicaciones de las leyes, y más aún en un mundo de reciente creación y todavía a gatas, son en gran medida de carácter subjetivo, es decir, una misma ley podía ser aplicada con diferente dureza según quien la juzgara.
            Las desigualdades no acababan ahí, por supuesto, como efecto de la masiva población que quería residir al amparo de la Fortaleza de Aldovea, se crearon barrios cada vez más periféricos y marginales. Las dificultades y la lucha por un puesto remunerado aumentaban con cada día que salía el sol y las luchas entre las clases sociales comenzaban a poner trabas al hasta ese momento, plácido desarrollo de La Mesnada.
            En este caldo de cultivo vivió Nauj Dantel, en él, conoció a su esposa Isila y en él crió a sus dos hijos.    
-Con lo que nos costó a su madre y a mi pagarle los estudios…-continuaba murmurando entre altibajos en su volumen- Primero la escuela… que no todos los niños podían… luego la academia de Las Huestes de estudios secundarios, con la de paletos que buscaban la manera de entrar para tener siquiera un futuro decente en las tropas regulares del Señor de las tierras… y la Universidad… por Dios lo que costó la Universidad de Selana… y con ayudas… -ironizó- que costó que le otorgaran el Becco… y va y lo tira todo por los suelos… por una mujer… por una mujer –repitió con incredulidad- con las que hay… se busca la más tonta del pueblo más tonto de toda Aliagaedeas… esto es increíble… -continuaba barruntando- Mi primogénito, el que tiene que llevar mi apellido nos deja en la estacada y se burla de los esfuerzos de sus padres… ¿Pero en qué mundo vivimos? Hoy que podía estar con su consulta en cualquier lugar del centro o investigando… que era lo que le gustaba… No hay justicia señor… te burlas de nosotros y pretendes que sigamos cuerdos… -clamó buscando el cielo en el techo de su casa- Si yo mandara se acababan todas están tonterías… acababa con esta desvergüenza que nos rodea y quitaba a más de uno de en medio que no hace más que molestar a los que trabajamos todos los días para llevarnos un pedacito de pan a la boca… ¿juventud?  Y una mierda…-espetó- mano dura le falta a esta generación de incompetentes que solo saben vivir a costa de sus padres…
            La fatiga que le hizo reclinarse en la silla momentos antes, se disipaba con el crecer de su cólera sin disimulo. Con los brazos en jarra y las piernas en horizontal recogidas bajo la silla carraspeo tratando de recoger en su boca los restos mucosos de su garganta. Tomó aire y volvió a esputar sobre las brasas a punto de morir. El sonido retumbó en la pequeña salita, al tiempo que un clic inaudible cortó el aire del patio tras la puerta de la cocina.
-No vale la pena tanto esfuerzo… mirar por uno y ya está – volvió a estirarse sobre la silla dejando caer su ancho cuerpo sobre el respaldo- no hay más, ni Dios ni patria ni ley ni hostias, te joden… jodes… cada uno preocupándose de su culo y más fácil sería la vida…
            Los ojos volvieron a querer cerrarse tras la penumbra que teñía el cuarto. Los brazos comenzaron a quedar en suspenso asidos por las axilas en los brazos de la silla y la vigilia dio paso al reposo de todo el cuerpo.
            Tal vez pasaron algunos minutos en los que el silencio se adueñó de aquel hogar, los hados de la noche calmaron los ánimos de todo aquel que dormitaba entre sus paredes. De todos salvo de uno que con tremenda parsimonia había abierto la puerta de la cocina que salía al cenador. Paso a paso introdujo su cuerpo a través de la moldura y con gesto presto y decidido se encaminó a la salita de entrada.
            Las perras guardianas que junto a sus amos subieron a la habitación matrimonial despertaron de su ensueño dirigiendo sus orejas a la puerta que miraba la escalera de bajada. Resoplaron y pusieron todo su cuerpo en tensión. Vacilaban y gimoteaban tratando de captar la atención de su dueño. El rabo, se movía de izquierda a derecha y los nervios comenzaron a captar la visión periférica del muchacho que continuaba pensativo a un lado de la cama.
            La silueta se asomó al cuarto de entrada. Tan solo se le veían los ojos bañados por la leve luz que emanaba de la hoguera mortecina. Dio un paso más al sentirse seguro de que el habitante seguía dormido y roncando sonoramente. La silueta se transformó en una figura esbelta y alta tapada de pies a cabeza con ropajes ajustados negros, se movía con una ligereza felina apoyando toda la planta de pie y flexionando sutilmente las rodillas. Ni siquiera el viento era consciente de aquel individuo salido de la noche. Situado tras el cuerpo aletargado, sacó de un bolsillo trasversal de su espalda una cuerda gruesa enrollada con hilo blanco. Deshizo el amarre y con tres movimientos anudó una soga al estilo de las usadas en los ahorcamientos.
            Con la mirada busco un asidero firme. Encontró la viga horizontal que partía el cuarto por la mitad desde la entrada hasta la chimenea. Pasó el cabo por encima y ató el otro extremo al pomo de la puerta que daba a la escalera. Abrió el hueco de la soga y con un cuidado supino cubrió la cabeza del hombre barbado. Volvió a sujetar la cuerda anudada al picaporte y con un tirón en el que los músculos de los brazos se marcaron a pesar de la negrura del lugar, izó al desdichado despertándole por la impresión con un grito ahogado debido a la presión que ejercía la maroma.
            Los pies se elevaron sobre el suelo y la silla en la que estaba descansando calló al suelo provocando un estruendo que tañó en toda la calle. La figura encapuchada tiró con mayor vigor abriendo los ojos. Dio cuenta del esfuerzo y con temor que aquella corpulencia pesara más que sus brazos pudieran alzar tomó la cuerda sobrante y la siguió enrollando a la manija con círculos medidos.
            Nauj luchó y pataleó sujetando la cuerda con las manos haciendo acopio de todas sus fuerzas. Estiró los arcos que presionaban a los lados de su cuello y trató de pasar su barbilla. “Hijo” gritó sin respiración. El asesino se asustó, casi soltó la cuerda que mantenía en vilo a su víctima. Con un movimiento acelerado dio un último giro sobre el picaporte y soltó la cuerda dejándola en tensión. De la bota de cuero que llevaba sacó un punzón corto pero afilado y se movió hasta su objetivo. Dos puñaladas dirigidas al estómago y Nauj, que seguía intentando escaparse, sintió el latigazo frío de la muerte. El dolor pudo con su recio cuerpo y en ese instante en el que toda tu vida, al parecer, pasa por delante de tus ojos, se sintió culpable y se dejó vencer.
            Las perras saltaron alocadas ladrando, gimiendo y resollando ante la puerta cerrada que daba al pasillo. El muchacho se desperezó. “Es mi padre… niñas… callaos ya”. Con gesto cansado caminó hasta el umbral que separaba la escalera y al abrir la puerta, los animales corrieron alborotados  hasta alcanzar la barrera que impedía salir a la sala de entrada. Sus uñas rascaron en la dura madera tratando de empujar, algo, que ya presagiaba que las circunstancias en la planta de abajo no podían ser halagüeñas.
            Aceleró su marcha y el pasillo se le hizo eterno. El pulso comenzó a desbordarse y los escalones parecieron no tener fin. Sujetó el pomo y tiró para sí. No conseguía ceder. Un peso bloqueaba la puerta tirando para el marco y los ruidos espasmódicos se sucedieron entre el ladrido canino, los nervios y las visiones entre tirones de la habitación.
            -Papa, papa!!! –Gritó el muchacho asustado- Abre… abre la puerta –seguía vociferando
            Tomó impulso y la puerta cedió como desencajada. Del envite, calló hacia atrás dando con su espalda en la pared contigua. Se sobrepuso y corriendo como alma que lleva el diablo acertó a entrar en la sala mientras una sombra, solo vista por el rabillo del ojo desaparecía por la cocina dando un portazo en el patio con las dos perras a la carrera.
            -Papa, papa!! –volvió a gritar mientras se tiraba al suelo a dar los auxilios que pudiera a su padre casi desfallecido- Por Dios… por Dios… que ha pasado… que te han hecho… Dios…-la sangre que por salir del estómago manaba en abundancia salpicó por doquier, impregnado la ropa de cama del muchacho- No… no… no… -repitió desconsolado- Aguanta… vale… aguanta…
            Con las manos a modo de parches, trató de taponar las profundas heridas sin conseguir apenas ralentizar el desangrado abdominal. La respiración de su padre comenzó a pausarse lentamente y los escalofríos comenzaron a desaparecer. “Serhae… Serhae…” se desgañitó llamando a su pareja. “Papa… papa… despierta… despierta… vamos joder…” gritó con furia y se derrumbó sobre el pecho de su progenitor.
            Escuchó los pasos que bajaban las escaleras y el sonido le succionó hasta traerlo de vuelta a la realidad. Miró a un lado del cuerpo inerte de su padre y allí junto la silla tumbada, un punzón ensangrentado le contemplaba sin piedad. Alargó la mano y lo tomó sin reconocer lo que era. Tenía la mente nublada, se encontraba en shock y toda aquella situación le parecía parte de la pesadilla que acababa de sufrir. Observó el filo, plano y delgado con la sangre dándole color al hierro frío, la empuñadura redondeada de madera con trenzado oscuro, el peso, liviano casi no se notaba en la mano. Las lágrimas le empaparon la cara, se percató de la mirada incrédula de Sherae desde las escaleras, de los ladridos desesperados de las perras en la cocina y del sonido de la puerta de la entrada que se abría dando paso a los vecinos alterados por los gritos.
            -Nauj!!! –Gritó Sherae